Obradoiro Dixital / Revista de Arquitectura / Marzo 2018 / Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia

Vivenda unifamiliar en Cela

Finalista COAG XVI
Rehabilitación

O Beloso. Bueu
María Pierres López

Texto

Si en todo proyecto se presentan retos o condicionantes diferentes, en este caso, a los topográficos y programáticos, se sumaron el hecho de ser una obra primera y la condición de partir de un presupuesto cerrado, con la dificultad que ambas cuestiones conllevan.

"La responsabilidad de enfrentarse a una primera obra provoca el asumir una actitud cauta y contenida desde un principio. Hacer de la humildad y franqueza de la construcción la mayor virtud.

La obra, consistente en la rehabilitación integral de unas ruinas sitas en el lugar de Cela-Bueu, se sitúa en un lugar tan visible, a modo de atalaya, que el interés reside precisamente en conseguir que pase lo más inadvertida posible. Buscar la intimidad y a la vez control del paisaje que desde un primer momento reclaman los propietarios. El modo de hacerlo fue reconstruir poniendo en valor lo preexistente. Destacar con los materiales lo antiguo de lo nuevo, lo cálido de lo frío, lo pesado de lo ligero, lo frágil de lo recio...

Permitir que sean los materiales los que despierten los sentidos…el hormigón cambiará con la luz, la piedra irá ganando en pátina, y la madera aportará el agradable olor del cedro, siempre vivo." Una vivienda en definitiva que tenga en cuenta los recuerdos y propicie el telón de fondo de los futuros.

Los propietarios, residentes en Castilla, pero con vinculación familiar en Galicia, designan un programa mínimo, pero con tres premisas muy claras:

Un único dormitorio:
Serán anfitriones de día, pero no de noche.

La seguridad:
Al tratarse de una segunda residencia, influye claramente en la sensación de vivienda-bunker que ofrecen sus fachadas principales.

Ver sin ser visto:
Se potencia la vista panorámica desde el salón y se retrasa el volumen que alberga el dormitorio y baño, con su terraza agazapada tras la cubierta del salón.

Estrategias…

La construcción de la que se parte contaba con dos ruinas, muy degradadas. Sin embargo, era esta condición ruinosa y de historia pasada la que atrajo a los propietarios, y que convirtió en premisa la reutilización de todo elemento constructivo susceptible de ser recuperado.

La normativa impide reconstruir la arquitectura en la misma posición, por lo que se rotan y desplazan los muros para cumplir con los retranqueos mínimos.

Se apuesta por conservar la composición de las volumetrías preexistentes en lo posible y actuar lo mínimo sobre la topografía de la parcela. Los propios clientes, navegan entre deseos de contemporaneidad y tradición, proponiendo ellos mismos el hormigón a cara vista como uno de los posibles materiales de fachada.

La contundencia del portón de entrada, con el volumen frágilmente volado del cedro, la sillería antigua de piedra y los muros de hormigón visto, es sin duda la clara lectura de esta búsqueda por reutilizar e integrar lo viejo y lo nuevo.

El volumen menor con muros de piedra y cubierta de teja, actúa como fachada principal al paisaje, dando frente al Norte de la nueva vivienda, enfocado hacia las vistas y recordando en todo momento el origen humilde de la vivienda.

Tras él, otro volumen a dos alturas en hormigón a cara vista, aporta una lectura más contemporánea, pero con el respeto del que se retrae para no abrumar. La entrada principal, en una posición lateral, respeta la antigua disposición y recupera la sillería preexistente, integrándose entre la textura tosca del hormigón encofrado con tabla y la calidez del cedro.

Un mínimo cuerpo de hormigón enlaza ambas volumetrías, con la clara intención de que dialoguen entre ellas, otorgando a cada una su autonomía y presencia.

La madera de cedro al exterior, suaviza la dureza que tanto piedra y hormigón confieren a la arquitectura, aportando la lectura cálida y doméstica que demandan las fachadas, con vocación de vestido insinuante, dejando que la materialidad contundente del fondo no pierda su protagonismo. Tres grandes contras correderas ayudan a que la imagen de la vivienda pueda cambiar por momentos, contribuyendo a matizar la luz que entra, sin dejar de disfrutar de ella.

Dotar a cada espacio de su interés e importancia.

Con la dificultad que conlleva una reconstrucción de este tipo, se trató de dar valor a cada pequeño espacio de la vivienda, con el mismo espíritu de lo comentado previamente, hacerlo sin grandes artificios, casando tradición y modernidad de un modo tranquilo.

Evitar lo estándar, con la firme convicción de que en lo particular reside uno de los valores más importantes de las vivencias. Todo espacio requiere de una luz, de un olor o de una intimidad diferente… El hormigón se muestra al interior, las maderas huelen, las luces indirectas acentúan los encuentros, los techos abrigan y acompañan los momentos...

El equilibrio de todos estos factores hará que la vivienda haga honor a su nombre y cumpla su cometido último, ser un contenedor de vivencias.